Cultura
Con el discurrir del tiempo la multitud de elementos hidráulicos creados durante su construcción y uso han pasado a constituir un patrimonio cultural que debemos conservar. Entre estos se pueden citar: dársenas, presas, puentes, acueductos, retenciones, esclusas, batanes, molinos, fábricas,...
Quizás su elemento más conocido es precisamente la existencia de 49 esclusas que permitían superar los 150 metros de diferencia de cotas entre el nacimiento y el fin del Canal. Estas estructuras acumulaban en estos puntos concretos el desnivel, dejando una pendiente muy reducida de 5 cm/km para el resto de la traza y así facilitar la navegación.
Las esclusas estaban constituidas por una caja de piedra rectangular u ovalada, limitadas por puertas de doble hoja de madera que mediante el llenado del espacio permitían ascender una altura media 3 metros por cada esclusa en su formato más sencillo.
Las barcazas más habituales eran de 15 pies de ancho y 50 pies de largo por lo que podían transportar 800 fanegas de cereal y calaban 3 pies y medio, existiendo un código de circulación no escrito que fijaba los sentidos del tráfico, las normas de adelantamiento o los horarios de trabajo.
Durante su uso la tracción dominante fue la animal debido a que incluso cuando el motor de explosión era de uso común, el movimiento de olas que generaba dañaba los taludes del canal. Por lo tanto el movimiento se realizaba gracias a un tiro de mulas enganchado con cadenas a un lateral de las barcazas, evitando choques con la orilla mediante el uso del timón.
Por estos nuevos valores y su necesidad de ser conservados, el Canal de Castilla fue declarado Bien de Interés Cultural en 1991 con la categoría de Conjunto Histórico. Para articular esta declaración entra en vigor en el año 2001 el “Plan Regional del Canal de Castilla” que establecía normas especificas de regulación y protección en sus valores patrimoniales y ambientales.
